IGLESIA ABANDONADA POR FEDERICO GARGÍA LORCA
EN: “POETA EN NUEVA YORK – II LOS NEGROS”
1929-1930
Ilustrado por Luis Martínez Comín
Leído por Luigi Maria Corsanico
Fernando Sor – Fantasie, Op. 7. René Lacôte, guitarra
~~~~~~~~~
Balada de la gran Guerra
Yo tenía un hijo que se llamaba Juan.
Yo tenía un hijo.
Se perdió por los arcos un viernes de todos los muertos.
Le vi jugar en las últimas escaleras de la misa
y echaba un cubito de hojalata en el corazón del sacerdote.
He golpeado los ataúdes. ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Mi hijo!
Saqué una pata de gallina por detrás de la luna y luego
comprendí que mi niña era un pez
por donde se alejan las carretas.
Yo tenía una niña.
Yo tenía un pez muerto bajo la ceniza de los incensarios.
Yo tenía un mar. ¿De qué? ¡Dios mío! ¡Un mar!
Subí a tocar las campanas, pero las frutas tenían gusanos.
y las cerillas apagadas
se comían los trigos de la primavera.
Yo vi la transparente cigüeña de alcohol
mondar las negras cabezas de los soldados agonizantes
y vi las cabañas de goma
donde giraban las copas llenas de lágrimas.
En las anémonas del ofertorio te encontraré, ¡corazón mío!,
cuando el sacerdote levanta la mula y el buey con sus fuertes brazos,
para espantar los sapos nocturnos que rondan los helados paisajes del cáliz.
Yo tenía un hijo que era un gigante,
pero los muertos son más fuertes y saben devorar pedazos de cielo.
Si mi niño hubiera sido un oso,
yo no temería el sigilo de los caimanes,
ni hubiese visto el mar amarrado a los árboles
para ser fornicado y herido por el tropel de los regimientos.
¡Si mi niño hubiera sido un oso!
Me envolveré sobre esta lona dura para no sentir el frío de los musgos.
Sé muy bien que me darán una manga o la corbata;
pero en el centro de la misa yo romperé el timón y entonces
vendrá a la piedra la locura de pingüinos y gaviotas
que harán decir a los que duermen y a los que cantan por las esquinas:
Él tenía un hijo.
¡Un hijo!. ¡Un hijo!. ¡Un hijo
que no era más que suyo, porque era su hijo.
Su hijo. Su hijo. Su hijo.
Versi ebbri di dolore’ “bicchieri colmi di lacrime”, per narrare la straziante perdita del figlio e il non senso della violenza.
Una poesia straordinaria di uno straordinario talento, stroncato a 39 anni da quella stessa, insensata violenza.
Comprendo che dei versi a volte difficili da intendere, in lingua originale e soprattutto di García Lorca, non possano trovare molta condivisione (lo dimostrano i pochi, ma gratificanti commenti e gradimenti), però, averli letti tradotti, sarebbe stato impossibile; ci sono visioni e sofferenze non esportabili in altri idiomi, se non interpretate da Poeti all’altezza di Lorca. Esistono traduzioni letterali che, onestamente, offendono l’immenso Andaluso.
Grazie per l’ascolto!
L.M.
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IGLESIA ABANDONADA POR FEDERICO GARGÍA LORCA
EN: “POETA EN NUEVA YORK – II LOS NEGROS”
1929-1930
Ilustrado por Luis Martínez Comín
Leído por Luigi Maria Corsanico
Fernando Sor – Fantasie, Op. 7. René Lacôte, guitarra
~~~~~~~~~
Balada de la gran Guerra
Yo tenía un hijo que se llamaba Juan.
Yo tenía un hijo.
Se perdió por los arcos un viernes de todos los muertos.
Le vi jugar en las últimas escaleras de la misa
y echaba un cubito de hojalata en el corazón del sacerdote.
He golpeado los ataúdes. ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Mi hijo!
Saqué una pata de gallina por detrás de la luna y luego
comprendí que mi niña era un pez
por donde se alejan las carretas.
Yo tenía una niña.
Yo tenía un pez muerto bajo la ceniza de los incensarios.
Yo tenía un mar. ¿De qué? ¡Dios mío! ¡Un mar!
Subí a tocar las campanas, pero las frutas tenían gusanos.
y las cerillas apagadas
se comían los trigos de la primavera.
Yo vi la transparente cigüeña de alcohol
mondar las negras cabezas de los soldados agonizantes
y vi las cabañas de goma
donde giraban las copas llenas de lágrimas.
En las anémonas del ofertorio te encontraré, ¡corazón mío!,
cuando el sacerdote levanta la mula y el buey con sus fuertes brazos,
para espantar los sapos nocturnos que rondan los helados paisajes del cáliz.
Yo tenía un hijo que era un gigante,
pero los muertos son más fuertes y saben devorar pedazos de cielo.
Si mi niño hubiera sido un oso,
yo no temería el sigilo de los caimanes,
ni hubiese visto el mar amarrado a los árboles
para ser fornicado y herido por el tropel de los regimientos.
¡Si mi niño hubiera sido un oso!
Me envolveré sobre esta lona dura para no sentir el frío de los musgos.
Sé muy bien que me darán una manga o la corbata;
pero en el centro de la misa yo romperé el timón y entonces
vendrá a la piedra la locura de pingüinos y gaviotas
que harán decir a los que duermen y a los que cantan por las esquinas:
Él tenía un hijo.
¡Un hijo!. ¡Un hijo!. ¡Un hijo
que no era más que suyo, porque era su hijo.
Su hijo. Su hijo. Su hijo.
“Avevo un mare … ti ritroverò cuore mio” perché “aveva un Figlio” …anche Lui.
Versi ebbri di dolore’ “bicchieri colmi di lacrime”, per narrare la straziante perdita del figlio e il non senso della violenza.
Una poesia straordinaria di uno straordinario talento, stroncato a 39 anni da quella stessa, insensata violenza.
Comprendo che dei versi a volte difficili da intendere, in lingua originale e soprattutto di García Lorca, non possano trovare molta condivisione (lo dimostrano i pochi, ma gratificanti commenti e gradimenti), però, averli letti tradotti, sarebbe stato impossibile; ci sono visioni e sofferenze non esportabili in altri idiomi, se non interpretate da Poeti all’altezza di Lorca. Esistono traduzioni letterali che, onestamente, offendono l’immenso Andaluso.
Grazie per l’ascolto!
L.M.